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Día
17 - Piacenza > Berceto
Domingo,
3 de agosto de 2003
Salgo
a las 8:00 de Piacenza, después de desayunar en la habitación del hotel. Cojo
la SS-9 en dirección a Fidenza, que rodeo tomando la circunvalación. Busco
indicaciones hacia Noceto, pero antes de llegar a este cruce unos carteles
de la Vía Francigena me anuncian un atajo al mismo por carreteras vecinales.
Abandono de esta manera la llanura y retomo la montaña. Después de rebasar
Pirineos y Alpes sólo los Apeninos me separan de Roma. Al poco de comenzar
a subir me cortan el paso los organizadores de una carrera ciclista infantil.
La verdad es que agradecí el corte para poder disfrutar, al menos un rato,
como espectador del ciclismo. Circulo por la S-357 en dirección Fornovo di
Taro.
La subida no es excesivamente dura y apenas hay tráfico. Llegando a esta ciudad,
veo a lo lejos dos cicloturistas. Llevan bicis de carretera y van pegándole
bastante caña. Me adelantan al poco y para mi desconcierto, ¡ni siquiera me
saludan! Cuando entro en Fornovo, veo que se han detenido en el centro y paro
para hablar con ellos. Apenas hablan inglés y no se muestran nada simpáticos
al principio, pero enseguida cambian e incluso me invitan a participar en
una especie de merienda que ofrecían en el centro de la ciudad los organizadores
de la carrera ciclista, a los que conocían. Son apenas las 12:00 pero como
cuanto puedo de aquellos manjares de dioses... Marco y Fabio me cuentan que
vienen desde Milán y quieren llegar hasta Pisa. Les pregunto por la Vía Francigena
pero ni siquiera saben que existe, vaya decepción, yo que me veía por fin
con alguna compañía para terminar mi camino. Después de la comida, salimos
juntos por la S-62. Ellos quieren llegar hasta Pontrémoli esta tarde, yo me
conformo con menos, por ahora. La subida, si antes era moderada, a partir
de Fornovo es muy exigente. Quedamos en subir cada uno a su ritmo y vernos
en Berceto. Fabio está muy fuerte y enseguida se destaca, Marco se me despega
también pero a los pocos minutos le alcanzo; ya no puede más y sube la cuesta
caminando. Temiendo lo que me esperaba, me lo tomo con filosofía. La ascensión
de los Apeninos por esta ruta es dura, pero el paisaje merece la pena. La
mala suerte de subir en domingo fue la cantidad de ruidosos motoristas que
me crucé aquella soleada mañana. A mitad de cuesta paro para tomar un helado
en un bar repleto de moteros y descansar un poco. Voy bien de tiempo y no
quiero picarme más de la cuenta, para qué reventar hoy si prácticamente es
imposible restar un día a los cuatro que según mis cálculos aún faltan. Subiendo,
me encuentro por un momento como en mis días de peregrino camino de Santiago.
Hallo incluso un albergue de peregrinos junto a la carretera, que para mi
sorpresa estaba cerrado, quizás desde el jubileo del 2.000. Eso sí, había
tramos de la carretera con una señal de la Vía cada 50 metros. La subida se
ve en ocasiones interrumpida por bajadas. Disfruto del paisaje y el olor a
monte. Por primera vez en los últimos días, me lo paso bien montando en bici.

Llego
a las 15:00 a Berceto, después de quitarme lo peor de la subida a los Apeninos.
En el cruce no veo a Fabio; bajo al centro del pueblo y no hay ni rastro de
él, así que decido buscar hotel y descansar. Me quedo por fin en el Albergo
Da Rino, dejando la bici en un semisótano. El pueblo está de fiesta, en la
calle hay unos jóvenes lanzando banderas al aire. Aparte de este espectáculo,
hay poco que ver. Me aburro soberanamente toda la tarde en el pequeño pueblo.
En la oficina de turismo no me pueden dar apenas información de la Via Francigena.
También aquí ha llegado el demonio de los nacionalismos, tienen toda la información
habida y por haber de la ruta dentro de su región pero de lo que esté más
allá de sus narices no quieren saber nada. Después de dar una vuelta, ceno
en el mismo albergo-restaurant. Paso la noche en blanco por culpa de un transformador
cercano. Toda la noche un zum-zum enloquecedor no me deja conciliar el sueño.
Distancia:
97,79 Km |
Tiempo:
5:32:36 |
Vel.
media: 17,64 Km/h |
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